Después de años de pedidos por parte de los fans, Blizzard finalmente sumó al Paladín a Diablo IV, y lo hizo de forma sorpresiva durante The Game Awards. Disponible en acceso anticipado para quienes precompren la expansión Lord of Hatred, esta nueva clase trae una mezcla interesante de lo clásico y lo moderno, y confirma que el Paladín es mucho más que una simple reedición de su versión en Diablo II.

Lo primero que llama la atención es que el Paladín de Diablo IV no es una copia directa del original de los 2000. Si bien mantiene habilidades icónicas como Zeal, Fanatismo y los benditos martillos giratorios del Hammerdin, también incorpora mecánicas y habilidades claramente inspiradas en el Cruzado de Diablo III, como los escudos cargados, Condemn o la clásica Consagración.

La clase se estructura en torno a un sistema llamado Juramentos, que define los cuatro estilos principales de juego:

  • Juramento del Zelote: Puro ataque veloz con Zeal, ideal para quienes quieren romper todo a base de velocidad de ataque y críticos.

  • Juramento del Juggernaut: Un tanque con todas las letras. Escudos, resistencia y habilidades defensivas para bancarse lo que venga.

  • Juramento del Justiciero: Probablemente el más espectacular, se enfoca en daño en área, detonaciones de luz sagrada y habilidades que llenan la pantalla de efectos.

  • Juramento del Discípulo: El más original del lote. Permite transformarse en un Árbitro angelical, mejorando movilidad y daño mientras dure la forma celestial.

Este último es, quizás, el que más se despega de las raíces conocidas. Si bien algunas de sus habilidades recuerdan al Cruzado (como Falling Star, parecido al Falling Sword), la transformación en Árbitro le da una identidad propia bastante marcada.

Lo interesante del Paladín en Diablo IV es justamente esa combinación. Los nostálgicos de Diablo II van a sentirse como en casa con Zeal y los martillos, mientras que los que disfrutaron del Cruzado en Diablo III van a encontrar habilidades familiares, pero con un giro. Además, hay margen para mezclar estilos y crear builds más personalizados, lo cual siempre suma.

En lo jugable, se siente bien desde el primer momento. Las habilidades son claras, potentes y visualmente imponentes, y eso ayuda tanto a nuevos jugadores como a quienes vuelven después de un tiempo. A diferencia de clases anteriores más complejas (como Spiritborn), el Paladín se presta a una curva de aprendizaje más directa, sin perder profundidad para quienes quieran exprimirlo al máximo.

Diablo IV: Lord of Hatred sale el 28 de abril e incluirá, además del Paladín, una segunda clase aún sin revelar, nuevos árboles de habilidades, mejoras al loot y al endgame, y el regreso del mítico Cubo Horádrico.